En este, mi primer artículo en el blog de Pisco 4 Fundos, quiero compartir mi historia en esta apasionante aventura que me llevó a producir el Pisco campeón mundial, premiado con el máximo galardón en el Concurso Mundial de Bruselas 2013, la Gran Medalla de Oro.

A mediados del 2001 acompañé a mi gran amigo Coco a ver unos terrenos que había comprado en el valle de San Antonio hacía un par de años atrás, tenía sembrada uva Italia, melocotones, peras y algunos otros frutales como mangos y paltas. Luego de pasar todo el día paseando por sus propiedades, otros predios, y el valle, me animó a comprar también un terreno para compartir la vida del campo. Otros dos amigos de él ya habían incursionado en el tema, cada uno tenía ya sus chacras. Realmente no estaba en mis planes, me acababa de casar hacía dos años y recién había nacido nuestro primer hijo, Iago.

La verdad es que volví a mi casa totalmente enamorado del valle de San Antonio, la idea de la chacra, y la posibilidad de iniciarme en la agricultura, pasión que llevo en la sangre y que luego lo ratificaría una vez montado en la aventura misma.

Esta pasión nace desde pequeño. Tengo la suerte y el gran privilegio de haber vivido la experiencia del contacto con la tierra desde siempre. Mi abuelo paterno, Papapa Esteban, era propietario de un Fundo “El Tambo” en Huaricolca, cerca de Tarma, donde sembraba papa y criaba ganado ovino, el Fundo tenía unas 2,000 hectáreas, y lo manejaba con insuperable cariño, dedicación y pasión, de hecho lograba rendimientos inusuales en la zona. Mi papás nos llevaban con mucha frecuencia a la “hacienda” donde además de montar a caballo de paso y de trote, cazábamos perdices, jugábamos con los carneros, en los potreros, en los montículos de paja, y en todo rincón que existiera de la propiedad, para luego por la noche, exhaustos, luego de cenar, entretenernos con algunos juegos de mesa junto a la chimenea que calmaba el frío de aquellas noches serranas.

Por otro lado, mi abuelo materno, Papi Mañuco, gran criador de gallos de pelea y pájaros de todo tipo, además de un extraordinario e ingenioso amante de la carpintería, me enseñó también con su ejemplo, a ponerle cariño, dedicación y pasión a las cosas. Aprendí algo de genética en los gallos, necesaria para obtener campeones peleadores en base a las características que aportaba cada padre en el cruce, solamente un ojo experto de conocedor alcanzaría el mejor resultado, sin duda una afición que cuidaba el mínimo detalle. Por supuesto también ayudaba a preparar a los gallos para los “topes”, así como darles comida y agua, paseando por cada jaula mientras escuchaba los próximos cruces en mente según las cualidades que se identificaban. Todo esto con un inmenso amor a los animales. La creatividad e innovación complementaban su entrega a las cosas que le gustaban, lo que plasmaba con gran éxito en sus trabajos de carpintería, pasatiempo que lo compartía con todos.

Mis papás, supieron fomentar estas experiencias que forjaron mi espíritu aventurero y apasionado. Mi papá, Milo, un gran hombre, noble, trabajador, cariñoso, y un excelente jinete de caballos de paso, que son su pasión, de él aprendí todo y es mi gran ejemplo. Mi mamá, Rosa María, metódica, organizada y puntual, de firme carácter, me enseñó lo que es la perseverancia y el detalle, con mucho cariño y amor.

Con el Pisco, bebida de bandera del Perú, logré unir estas dos grandes tradiciones peruanas que encontré en mi familia, los caballos de paso y los gallos de pelea, por supuesto sumado a la agricultura, la tierra y la forma de hacer las cosas con pasión que redondean el escenario.

Pero bueno, para regresar a la historia, cuando llegué a casa no paré de contarle a Carla, mi esposa, mi experiencia y cuanto me había gustado la idea, y ella como siempre a mi lado, se interesó en el tema. Pasaron los días y no podía pensar en otra cosa que en “la chacra”, hasta que decidimos ir más allá con la aventura que el simple hecho de soñar. Esa es otra ventaja que la vida me entregó, una esposa que me sigue y apoya en todas las aventuras y locuras que emprendo, ambos somos aventureros, soñadores y cómplices.

Entonces inició la búsqueda de una chacra en San Antonio, que además está a tan solo 80 kilómetros al sur de Lima, lo que representa un viaje de una hora aproximadamente. Con la ayuda de los trabajadores de Coco, que conocían bien la zona, a los vecinos, y buenas tierras, emprendimos el periplo sanantoniano. Luego de visitar algunas propuestas, nos decidimos casi sin pensarlo en Monte Grande, nombre que tenía dicha propiedad. Un terreno espectacular, en plena zona de Esquivilca, en medio del valle de San Antonio. Conversamos con la propietaria y llegamos a un buen acuerdo. Fue así que en diciembre del 2001, adquirí Fundo Monte Grande.

A tan solo unos días de comprado Monte Grande, contraté a un jovencito de la zona, Oliver, que venía bien recomendado, quien desde el primer día y luego de 12 años sigue trabajando conmigo. Hoy está casado, tiene 2 hijos, y somos junto con Carla,  sus padrinos de matrimonio. Por supuesto, que es mi brazo derecho en la chacra.

Lo primero que hicimos, en enero del 2002 (casi de inmediato), fue limpiar completamente el terreno, sacamos unas plantas de manzana viejas, y todo lo que se encontraba al paso. Recuerdo la pregunta, “¿Ingeniero vamos a sacar todas las manzanas?”, y la respuesta fue “Sí”. Una vez que el terreno estaba limpio, volteamos la tierra a caballo y tractor, definimos la orientación del viñedo, y trazamos los surcos, luego dí la instrucción de iniciar la plantación de los sarmientos de uva Italia que había conseguido, en el acto recibí un segundo comentario histórico, “Ingeniero, la uva no se siembra en enero, hace mucho calor, se van a morir”, y mi respuesta fue, “Siembra nomás, yo me encargo de que no se mueran”. Por supuesto que mi respuesta evidenciaba una absoluta ignorancia sobre el cultivo de la vid, fue más grande mi emoción y entusiasmo que la razón, sin embargo, nuevamente fue el cariño y la convicción las que me ayudaron en esta oportunidad, mi solución fue conversarle a las plantas. Durante los primeros meses y años, estuve muy cerca del viñedo, pasaba conversándole a cada planta, les contaba lo feliz que estaba y lo importante que era para mí esta aventura, además les decía que todas eran muy importantes para mí y que por favor crecieran bien, estaba prohibido morirse. El resultado fue extraordinario, tan solo se murieron unas pocas plantas del total (prácticamente cero), y logramos ganar un año (que en agricultura es bastante). Según me dijo algún amigo alguna vez, se murieron las plantas sordas. Otro amigo me dijo que el problema no era que yo les hable a las plantas sino que ellas me respondan.

De esa forma arrancó la aventura pisquera de 4 Fundos, con Fundo Monte Grande, luego fuimos aprendiendo el cuidado de las parras, elegimos los sistemas de conducción más apropiados, en nuestro caso la doble T y la espaldera, entendimos como combatir y convivir con las enfermedades como la filoxera, la botritis, el oídium, el mildiú y los pájaros fruteros, analizamos la tierra y formulamos nuestra propia composición de fertilizantes, el volumen de abono orgánico por planta, y hasta la forma de poda que fue entregándonos mayores rendimientos. Nuestro sistema de riego fue diseñado por nosotros mismos quienes también construimos el pozo que nos sirve para complementar el suministro de agua que nos brinda el río Mala a través de la toma La Chonta que alimenta los terrenos de la zona de Esquivilca en el valle de San Antonio. Todo fue autodidacta y aprendido en el campo, sin embargo recibimos algunos consejos y recomendaciones de los ingenieros agrónomos que trabajaban en las tiendas agrícolas a quienes les comprábamos los fertilizantes, nutrientes y demás productos para el cuidado y desarrollo de los cultivos.

Desde el primer momento que inicié este proyecto, siempre tuve muy claro que el producto final no sería la uva, sino que debía crear valor, y decidí entonces que ese valor agregado sería el Pisco, por eso sembré uva Italia, que es una de las variedades pisqueras autorizadas. Pero no se trataría de cualquier Pisco, la premisa era que debía ser el mejor Pisco del mundo y para eso enfoqué todo mi esfuerzo, cariño y pasión. Años después alcanzaría ese sueño con la Gran Medalla de Oro en el Concurso Mundial de Bruselas, máximo galardón en esta importante competencia mundial, es decir Pisco 4 Fundos se coronó como campeón mundial en el año 2013.

Una vez iniciado este emprendimiento, le propuse a mi amigo Coco el encargarme de las plantaciones de uva de él y de nuestros otros dos amigos Paul y Nolo, para adquirir de sus predios estas uvas homologadas con las mismas técnicas y cuidados para garantizar la misma calidad y aumentar el volumen de producción. Fue allí que nació el nombre de 4 Fundos, es decir el Pisco que yo produciría se obtendría de las uvas provenientes de los Fundos de 4 amigos. Adicionalmente al concepto del lugar de provisión del insumo, otros factores que me ayudaron a definir el nombre fueron mi formación y espíritu de ingeniero que demandaba un nombre alfanumérico, y la peruanidad de los elementos que lo conforman. Es así que el nombre 4 Fundos recoge la cualidad de poseer números y letras en su composición, y además cada uno de ellos cobija un concepto muy peruano. El número 4 (además de gustarme por su forma) viene del antiguo Tawa (Cuatro en Quechua), 4 eran los suyos del Imperio Incaico por ejemplo. La palabra fundo por otro lado me recuerda a una forma muy nuestra de dar nombre al predio rural, por ejemplo Fundo El Tambo era como llamaba mi abuelo a su propiedad, en otros países se suele emplear otras denominaciones como finca o rancho.

En abril del año 2006, adquirí otra propiedad llamada La Tira, colindante a Monte Grande para aumentar la producción, y por decisiones diversas decidí ese mismo año no continuar con la provisión de uvas de mis amigos.

Hoy Pisco 4 Fundos solamente se produce con uvas provenientes de mis 2 propiedades: Monte Grande y La Tira.

Ya embarcado en la actividad agrícola como viticultor, había que aprender a transformar esas maravillosas uvas en Pisco, que significaba iniciarse en un mundo fascinante, un arte mágico, un conocimiento ancestral, cargado de peculiaridades y detalles, más que un proceso lo que había que hacer era extraer el espíritu de la uva. Comenzó entonces la tarea de investigación y aprendizaje, mucha lectura, innumerables visitas a diferentes bodegas para ver en campo el proceso, los detalles, los instrumentos, maquinaria y tecnología empleadas, me matriculé en cuanto curso encontraba sobre destilación y Pisco en general, incluso llegué a intercambiar correos con el Master Cellar de Hennessy, uno de los más famosos y finos Cognacs, con quien intercambié información sobre el proceso que a pesar de sus similitudes es diferente en el objetivo final.

Sumado a estos mecanismos de captura de información, comenzó el que más me gusta, y ese es la experiencia propia. Empecé a destilar al año siguiente de sembrar, es decir en el año 2003, por supuesto que con un pequeño volumen porque los campos aún eran muy jóvenes como para producir a su verdadera capacidad. En cada lote de destilación iba cambiando parámetros a lo largo de todo el proceso desde la chacra, y luego probaba los resultados. Desde el momento de la cosecha, el transporte en cajones de plástico, el despalillado y estrujado, el tiempo de maceración con los hollejos, la forma y cuidado en el prensado, los detalles y controles en la fermentación, la temperatura, los tiempos y la forma de realizar los cortes de cabeza y cola en la destilación, hasta el tiempo y trabajo en reposo en tanques de acero inoxidable, para su posterior filtrado y embotellado.

Fue entonces que en el año 2005, finalmente salió la primera producción comercial de Pisco 4 Fundos (muy pequeña por cierto), con marca, etiqueta y botella como Dios manda. Ese mismo año, decidí participar en el Concurso Regional de Lima que se llevó a cabo en el Parque de Barranco. Era la primera vez que salía Pisco 4 Fundos al mercado y además habíamos tenido la osadía de concursar. Me acompañó Carla al evento y por supuesto a la lectura de los resultados y entrega de los premios (Medallas y Diplomas). Realmente fuimos con la idea de divertirnos y ver cómo funcionaba este tema de los concursos, conocer a los productores (colegas ya), y ver quiénes eran los ganadores. Inmensa fue nuestra sorpresa cuando al llegar a la categoría de nuestro Pisco, Italia (como era en ese entonces), mencionaron mi nombre como productor y el de Pisco 4 Fundos para la entrega de la Medalla de Oro. No lo podía creer, nos miramos por unos segundos para estar seguros que éramos nosotros, y luego enrumbé hacia el escenario para recoger el máximo galardón en la categoría. Mientras caminaba, con una felicidad y emoción indescriptibles, observaba como los demás productores me miraban con asombro y sorpresa, porque no me conocían, era nuevo en esto, y había ganado un desconocido. Subí entonces, recibí el premio y dirigí unas palabras, fundamentalmente de agradecimiento y felicidad. Cuando bajé ya era conocido en el mundo del Pisco por los demás productores presentes de la Región Lima. Fue muy simpático porque ya las conversaciones desde ese momento fueron diferentes, ya pertenecía al gremio de productores de Pisco, formalmente y en sociedad como se dice.

Luego de este ingreso triunfal a esta cofradía, a los pocos días se programó un segundo Concurso Regional, pero esta vez en Cañete (esto es inusual en el mismo año), con los mismos participantes. En esta oportunidad, Pisco 4 Fundos obtuvo la Medalla de Plata, ratificando su excelente posición y generando ya un mayor respeto entre los productores que recién nos conocían.

Con estos resultados, sin duda aumentó la motivación y las ganas de seguir innovando y perfeccionando nuestro Pisco. La actividad se volvió una diversión familiar, todos vamos a la chacra, nos paseamos por el viñedo, revisamos los demás frutales que tenemos como peras, mangos, paltos, lúcumos, olivo, pecanos, mora y zarzamora, guanábana, sauco, níspero y papaya. La familia goza del momento de la vendimia, la pisa en lagar, y mis 2 hijos mayores, Iago y Mateo, me acompañan algunas veces en el proceso en bodega. En casa, en un ambiente especial, realizamos la guarda, Carla, Iago, Mateo y Luca me ayudan con el embotellado, etiquetado, encapsulado y embalado de las botellas, todos colaboran en varias etapas del proceso de producción.

Pasaron los años sin volver a participar en otros concursos regionales y nacionales por diferentes motivos, falta de tiempo para la logística, viajes que coincidían con las fechas de los concursos, tardía reacción ante fechas muy próximas, entre otras. Realmente mi preocupación e interés estaba más en la chacra, en las uvas, en la bodega, en seguir experimentando y aprendiendo, en la búsqueda de perfeccionar el producto, en otras palabras en divertirme y disfrutar de la pasión por hacer un buen Pisco. Sin embargo, me mantuve siempre en contacto con los productores y la industria, participando de los Congresos de Pisco, cursos eventuales y todo tipo de eventos relacionados.

Hasta que llegó el año 2013, y luego de que se me pasaran varias invitaciones a concursos nacionales e internacionales, decidí participar enviando mis muestras a dos de ellos que elegí por su trayectoria, prestigio y reputación, el Concurso Mundial de Bruselas, y la Wine and Spirit Competition de Londrés. Quería probar con concursos mundiales para vivir esa experiencia. Fue así que me inscribí por internet, pagué los derechos correspondientes, y envié en marzo las botellas a ambos eventos para ver los resultados.

Los primeros resultados en publicarse correspondían al Concurso Mundial de Bruselas, según el cronograma previsto. La semana anterior a la difusión de los resultados había viajado a República Dominicana y a Miami por trabajo, y estuve de regreso en Lima por la noche del domingo 16 de junio que era día del padre. Como no había podido pasarlo con mi familia acordamos trasladar en esta oportunidad la celebración para el día siguiente (lunes 17) y por lo tanto decidimos por unanimidad que no habría colegio ni oficina. Ese día nos levantamos tarde y relajados, y antes de iniciar nuestro programa del día, aprovechamos para entrar a la página web del concurso a ver los resultados. Por supuesto que sabíamos que existía la posibilidad de ganar alguna medalla porque conocemos la calidad y cualidades de nuestro Pisco, pero no nos imaginamos lo que encontraríamos publicado. Fue entonces que los cinco (Carla, Iago, Mateo, Luca y yo) nos sentamos alrededor de nuestra lap top para ver qué había pasado. Nuestra sorpresa fue indescriptible cuando vimos que nuestro Pisco 4 Fundos había ganado la Gran Medalla de Oro, el máximo galardón del Concurso Mundial de Bruselas. No podíamos creerlo, por eso entramos y salimos varias veces de la página de resultados para estar seguros que no habíamos cometido ningún error en el ingreso. Luego de estar absolutamente claros del logro que habíamos alcanzado, empezamos a saltar, gritar, y decir algunas cosas irrepetibles, invadidos por una alegría desmedida. De hecho dejamos en el piso algunas de nuestras cuerdas vocales de tanto alarido que echamos al aire. Compartimos esta gran noticia con toda la familia, amigos, compañeros de trabajo, y demás gente cercana y querida por diferentes medios como teléfono, correo y redes sociales. Recibimos muchos mensajes de felicitación y muestras de cariño que nos terminaron de llenar el alma, con una inmensa felicidad, orgullo y satisfacción por haber alcanzado el mejor de los premios que un productor apasionado puede recibir, el reconocimiento. Incluso la noticia fue difundida en medios escritos (Revista Correo Semanal, Diario Expreso, Revista Dionisos, Revista Perú Exporta de Adex), radiales (Radio Dionisos – Programa Cultura Pisco), algunas publicaciones en internet, hasta en una ceremonia del Instituto del Vino y del Pisco por el día del Pisco. Este año se entregaron tan solo 13 medallas en la categoría Pisco, entre todos los productores que participaron, 10 medallas de plata, 2 de oro, y solamente 1 Gran Medalla de Oro para Pisco 4 Fundos.

La segunda gran noticia, se presentaría en otra fecha muy especial para nosotros, el 24 de julio, cumpleaños de Luca, nuestro hijo menor, donde al ingresar a revisar los resultados de la Wine and Spirit Competition de Londrés, obtuvimos la Medalla de Plata. En este año no se entregaron medallas de oro en este concurso, solamente fueron 6 medallas, de las cuales 1 fue de bronce, y las 5 restantes fueron de plata, una de ellas para Pisco 4 Fundos, y sólo 2 productores recibieron estas medallas. Con esto redondeamos la faena, excelentes resultados en ambos concursos en los que participamos mundialmente, certificando de esta forma los altos estándares alcanzados en la calidad de nuestro Pisco 4 Fundos.

Hoy, tenemos un sueño hecho realidad, todos estamos muy contentos, desbordados de felicidad, pero absolutamente conscientes de la gran responsabilidad que esto representa, mantener el prestigio, la calidad, y el buen nombre para nuestros fieles seguidores y amantes de un buen Pisco. En la familia, los chicos no dejan de conversar y preguntar sobre el tema, sobre nuestra estrategia de marketing, sobre los nuevos canales de distribución, los nuevos pedidos, los nuevos clientes, interesados y seguidores. Estamos formando futuros empresarios, agricultores, viticultores, y productores de Pisco. Ya sueñan con crecer y continuar con esta tradición familiar iniciada por Carla y por mí. Mateo, nuestro segundo hijo, es un extraordinario promotor entre sus amigos y sus papás, conversa del tema con una pasión sorprendente, realmente me encanta. Iago, nuestro hijo mayor, dice que es el Maestro Destilador, y Luca, el más pequeño, participa de las conversaciones con interés, expectativa, y con comentarios que muchas veces nos asombran. Carla mi fiel compañera, socia y cómplice es el apoyo perfecto.

Todo esto se ha logrado con mucha perseverancia y pasión (la estrategia de pepe como yo la llamo – PP), pero sobre todo con mucho cariño y amor, de esta manera no hay forma en que las cosas no resulten bien.

Martín Santa María Fernández Stoll